Nachito, uno puede enunciar una metáfora sumamente hermosa con respecto a el origen de la telaraña... independientemente de sus composición orgánica...
La telaraña es la condensación impensada y milagrosa de lo más íntimo y personal que tiene ese octópodo, una condensación de todo lo malo y, fundamentalmente todo lo bueno tan apretada y compacta que terminan formando una hebra delgadísima... pero extremadamente resistente (la tela de algunas arañas tiene casi la misma, incluso mayor, resistencia que un filamento de acero de igual diámetro)...
Muchas veces uno quiere deshacerse de esos hilos incómodos y dolorosos, que inicialmente, nos marcan de niños o de no tan niños. Uno quisiera cortarlos, desaparecerlos... uno desearía por momentos que no existiesen, quisiera volver el tiempo atrás para evitar tejerlos... pero sin saber por qué, no lo hace. Y regresa con lágrimas frescas a su escondite y pasa algunas noches juntando las perlas y el topacio del llanto como hiel.
Llegará, no tardará mucho, un día como cualquier otro, sin que te des cuenta, tal vez. Ese día saldrás de tu escondite de ramitas y capullo, mirarás el amanecer, sentirás el aroma del rocío nuevo y el reflejo de un millón de gotas que suenan con una melodía conmovedora deslumbrará tus ojos de cristal violeta.
No comprenderás al principio... pero pronto descubrirás el origen de los destellos. Frente a tu mirada clara se abrirá, infinita y hasta fundirse con el horizonte, tu telaraña, esa que fuiste construyendo día a día, y que por ahí no te detuviste apreciar... Porque el mundo de los adultos se vive muy aprisa y no hay tiempo para este tipo de cursilerías… Verás el detalle de las cientos de gotas de rocío formándose en cada hebra como collar de perlas.
Tus ojos se abren de par en par por la revelación que tienes ante tí. Respiras hondo al notar el detalle. Retornan las imágenes que creías perdidas y los recuerdos toman forma y color. Un escalofrío como rayo recorre tu cuerpo ínfimo: esos hilitos que alguna vez quisiste borrar o desaparecer... se han convertido en el hilo primordial sobre el que se cimienta cada cosa y toda la estructura misma.
Meditas la maravilla un momento más... y la llegada de la noche como velo te acompaña a tu refugio de estrellas y cielo... pero, esta vez sonriendo.