21 de abril de 2019

Proximidad inalcanzable

El recuerdo más nítido es el presente. Casi nadie nostalgia en el presente. Es cierto, también, que tampoco se nostalgia en el futuro.

La nostalgia se constituye en tiempo pasado. No en cualquier pasado, sino en un pasado cercano, en ese limbo. En un pasado próximo, a uno o dos dedos de distancia, que sin embargo es inalcanzable, irrecuperable. Está allí, frente a nosotros, separados fatalmente por esa misma proximidad. En la contradicción de esa cercanía inalcanzable radica un poco la nostalgia. 

Con el tiempo todo se desdibuja, se vuelve imperfecto, se cubre de incertidumbre. Es pero no es, o quizás es imperfectamente o tan solo es el fantasma desdibujado de lo que fue. 

El rol artístico y lúdico de la escritura se ve favorecido por esos baches en la memoria, por los detalles ausentes, que se van perdiendo inexorablemente con el paso del tiempo. Pérdida de la que somos concientes, que, lejos de pasar desapercibida, nos angustia y desespera por su caracter inevitable. 

Nostalgia que muchas veces nos lleva a escribir para no olvidar.
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En la solapa de un libro de Murakami: Tokio Blues. Firmado por Diego Marino.
Traducción*: Roberto Lambertucci

*NOTA: El texto estaba escrito en español, sin embargo fue necesario descifrarlo. En un texto de Lambertucci sobre los símbolos hace referencia a este tema: - la letra de médico es casi un sistema simbólico particular, propio de cada individuo y de cada momento. Incluso podría decirse que ningún médico escribe dos veces con la misma letra: la escritura es única e irrepetible. De lo cual se deduce que es inentendible incluso para ellos mismos. 




18 de marzo de 2019

olvidar para recordar

Tengo pocos recuerdos de clases que me hayan cambiado o impactado durante la carrera de medicina en la plata, y aún menos profesores. 

Hubo uno, a mi entender brillante, que en una clase de fisiología nos hizo una pregunta: 

- Cuál es la función más importante y desarrollada del cerebro humano?... 

Al menos 30 estudiantes empezamos a responder según las lecturas técnicas que cada uno había hecho: termoregulación, homeostasis, inteligencia, alma, regulación cardiovascular, conciencia, noción temporal, conciencia social y de grupo y seguimos así un largo rato... 

Cada vez que respondíamos, el respondía: 
- Es una función importante, pero no es la más desarrollada... 

Seguimos un largo rato hasta que el silencio hizo evidente que nuestras ideas habían llegado a su fin.

Entonces fue ahí, que nos dijo: - La función más importante y desarrollada del cerebro es el olvido.

Inmediatamente todos comprendimos que el olvido no es un defecto, no es una debilidad, sino que es una función activa que permite al sistema nervioso mantener la estructura del yo, la noción temporal, la conciencia, el alma, la inteligencia, lo relevante... e incluso comprendimos que para recordar algo era necesario olvidar mucho.

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Esta recuerdo data del tercer año de la carrera de medicina en la Facultad de Ciencias Médicas de la Plata. Estábamos con una clase de fisiología con Ariel y Walter, y fue el Dr. Juan José Gagliardino quien no aportó esa reflexión.

9 de marzo de 2019

el maestro

Hoy a la mañana, mientras juntábamos palitos del piso con Olivia para encender una fogata, vi a un hombre endeble, me llamó la atención su fragilidad, al menos eso creí. 
Era un hombre mayor, acompañado por un joven de cabello corto. Estaban sentados en un banco, el joven parecía ser su cuidador: disfrutaban del sol.
Tenía puesto un saco azul, pantalón de vestir gris y zapatillas deportivas negras. Algo me llamó la atención.
Era delgado, peinado para un costado. De rasgos fuertes, de mirada despierta, escudriñándolo todo, pero con cierta ternura.  
Me quedé helado.
Se levantaron y caminaron lentamente, a su paso. El, encorvado y agarrado del brazo del joven.
Cruzaron la calle, y caminaron hasta llegar a Peña. 
Era Mario Bunge.

involuta

-Todo viaje es hacia uno mismo - comentó Tellería como si hubiese tenido una revelación, dando un salto y aferrándose con ambas manos al sillón.

El zumbido del viento sonaba ventanas afuera, la sirena de una ambulancia se filtraba a la distancia y la noche porteña tenía ese qué se yo.
Vellmount observaba a Carlos de reojo, en silencio, y hacía girar los hielos de un whisky on the rock:

- Tenés razón, Carlos, ya sabíamos eso del paisaje y la distancia como excusa… pero hoy comprendo que la cuestión va más allá.
- Creo que ya hablamos sobre esto: nos repetimos. Hace poco comentaste tu percepción de la lectura…
- "Nos leemos a nosotros mismos al leer un libro" - Hernán hizo una pausa, y agregó con ironía: 
- La autorreferencia como bandera de la autodecadencia, que mal estoy.

- A veces pienso que las fotos no son más que autoretratos, no importa lo que esté delante de la focal fija, el resultado es uno y el mismo: el autor. Cielo, flor, paisaje, mujer, niña, estrella, luna, manos o redes… sea lo que sea, el fotógrafo nunca deja de retratarse - susurró Tellería algo atormentado.
- "Você não fotografa com a sua máquina. Você fotografa com toda sua cultura" - Aventuró Vellmount con un portugués improvisado
- Salgado...
- Sabés, Carlos, ahora mismo creo que no hacemos nada sin otro fin, sin otra razón que no sea ese: llevar adelante esa búsqueda personal. Lo sepamos o no, queramos o no: al viajar lo hacemos hacia nosotros mismos, al leer nos leemos, al hacer retratos nos retratamos, al conocer nos conocemos…

Ambos callaron, levantaron los vasos en gesto cómplice y siguieron cada cual en lo suyo.

11 de diciembre de 2018

Solapas

Esto es como una capsula del tiempo, para congelar el recuerdo y, quizás, la nostalgia.
Es un ayudamemoria, pues por experiencias previas se qué en unos años, fuera del contexto que la motiva, quizás no pueda descifrar mi propia letra. 
Inútil es esa autosorpresa que nació hace años, esa nostalgia de dejarnos mensajes a nosotros mismos, que nos dejemos signos y símbolos y mensajes, si no podemos entenderlos al encontrarlos años después. 

En la solapa del Astillero, de Juan Carlos Onetti(1), escribí:

Debemos salvarnos de la ultraespecialización, o al menos mitigar sus consecuencias.
Aquel ser humano universal, ese "hombre soy, nada humano me es ajeno" se ha alejado en la saturante fantasmagoría de la época en la que vivimos, rodeados y bombardeados de información irrelevante (2).
No podemos leer todo, es cierto. Pero considero necesario leer, aunque sea, diverso.
Es por eso, por esa diversidad (o la necesidad de la misma) que hoy me convoca, que me propuse conocer nuevos autores, buscarlos adrede, sin esperar a que sean ellos los que me encuentren (3).
Así empezó la idea de éste juego. Leer un autor o, quizás, un tema desconocido en cada viaje.
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Diego A. Marino
17 de noviembre de 2018
Mendoza
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El texto es un posmoten anticipado, que recogí de un libro que encontré en la biblioteca de Marino. Roberto Lambertucci
11/12/18
CABA 

(1). Compré El Astillero, de Juan Carlos Onetti, Nudge de Rhichard Thaller y Alicia en el país de las maravillas, ilustrado por Benjamín Lacombe el 17/11/18 en Mendoza, en pleno congreso de la Sociedad Argentina de Reumatología.

(2). Leemos para olvidar, para fraseando a Borges.

(3) Hernán Vellmount, previamente, sostenía que los libros y los autores lo encontraban a uno en el momento en el que uno estaba intelectual, emocional y espiritualmente apto y necesitado de ellos.