25 de marzo de 2014

tal vez quiera caminar


Concurrí con rigurosa regularidad a cada atardecer. Sin entenderlo, bella ironía, regresaba una y otra vez a su memoria.
Busqué una piedra donde sentarme.
Suspiré con reiterada insistencia ante el paisaje que parecía despedirse, desplegándose con una humilde belleza.
La temperatura empezaba a bajar, lo notaba en la palidez de mis manos que dolían un poco. Las froté y las metí en el bolsillo, acurrucándome como para protegerme del frío.
Como en una confidencia, apenas con un hilo de voz susurré algo que se fue diluyendo en la brisa.
El agua parece quebrarse y cruje en la inmediata lejanía.
La noche se hace presente con un arcoiris de sonidos y silencios. Me entretengo pensando que, frágil y celosa del día, quiere hacer alarde ante mi… como si pudiera pasar desapercibida. Esa ficción, esa escena de celos entre el día y la noche me halaga, me llena de un cálido sosiego. 

- Está muy lejos? 

Preguntó una voz que pareció salir de la nada. Cuando giré, un poco asustado no puedo negarlo, vi a un hombre de imponente presencia, que a unos metros de mí parecía hipnotizado, con la mirada perdida en el metálico reflejo de la luna en el lago.

Me sorprendió que hasta sus pasos parecían denotar seguridad y elocuencia.

- He notado que la extraña, sin embargo no debe acrecentar su sufrimiento espiritual con cuotas de sufrimiento físico, la postura que está adoptando no es la mejor para su espalda… puede extrañarla, si eso quiere, sentado de una forma más ergonómica - Dijo con cierto brillo en unos ojos que parecían a medio abrir y con una sonrisa que mezclaba la agudeza de un sabio y la picardía cómplice de un niño

Debo decir que al principio me sorprendió, sin embargo estoy familiarizado con los caminos de la deducción, la lógica y la probabilidad, por lo cual no dejé que me intimidara.

Era claro que se trataba de una persona observadora en extremo. El caminar en la noche, seguramente también había observado el atardecer, por la costa de un lago sugerían un temperamento nostálgico, además de tratarse un hombre valiente y decidido. El hecho de que se haya acercado a mi, su curioso interés, y la forma amena con la que me había hablado, su incitación al diálogo, me sugerían que era un humanista, un filántropo. Se llega al humanismo por diversos caminos. Los hombres de extrema sensibilidad y agudeza suelen volcarse por esa curiosa naturaleza a una religión, estadísticamente y por estos lados, el sujeto era o había sido cristiano. Pero sucede que estos mismos sujetos, tan agudos, traspasan de un solo golpe de vista el maquillaje feliz de la realidad y desengañándose precozmente transitan el sendero del escepticismo religioso y humano. Posteriormente, ya agnósticos, desengañados y sin esperanza ni expectativa alguna, por un vuelco del alma que a veces entiendo y otras no, muchas veces se vuelven humanistas enérgicos. Arriesgué que ese había sido el camino que había transitado y que lo llevó a su humanismo. También es frecuente que estas personas, que se identifican con el género humano y se acercan a una religión se inclinen por profesiones que se vinculen profundamente con lo humano. Por otro lado el tipo está regido por una rigurosidad y curiosidad en sus gestos, sus palabras y movimientos que es propia de una ciencia exacta, tal vez física. Había hablado de mi columna y seguramente había observado que antes de sentarme me frote la espalda que cada tanto duele por esa maldita hernia de disco. Cuando se combina lo anterior en un solo individuo la medicina es, estadisticamente, una profesión tentadora que conjuga esos dos hemisferios. Sin embargo era un hombre libre, si algo lo caracterizaba era la libertad, por lo cual seguramente había pensado en estudiar medicina pero había desistido comprendiendo que a mayor jerarquía mayor responsabilidad y mayores grilletes: el tipo era una especie de autodidacta.
Es cierto que el lenguaje corporal habla mucho, también es cierto que muchas veces ese lenguaje está menos influenciado por nuestra voluntad y es más espontáneo, sin doblez y sin engaños… sin embargo la interpretación de estos símbolos está sesgada por nuestra experiencia personal. En cierta forma leemos en otro con mayor facilidad lo que hemos vivido o experimentado nosotros mimos: el tipo había sufrido por amor o desamor. Habiendo pensado esto, ensayé una respuesta: 

- La extraño. Ahora dígame, la conoció en una de las misiones o en la facultad, antes de abandonar la carrera de medicina?

El sujeto pareció sorprendido. Se rió y se acercó jovialmente:

- Cómo está, mi nombre es Hernán... - Se presentó y extendió la mano amistosamente

Estreché su mano:

- Alejandro, un gusto.

Permaneció allí, de pie, sus ojos se dirigían todavía hacia el lago. Sin embargo al mirar su rostro no cabía la menor duda: sus ojos miraban hacia adentro, estaba sumido en profundos, tal vez tempestuosos, pensamientos. A pesar de esta certeza, cada detalle que conformaba su semblante parecía calmo, como tejidos con el hilo de una armonía muy suave. Cada rasgo parecía refinado. No estoy diciendo que sus rasgos eran estrictamente finos, ni siquiera puedo decir si su belleza era cierta. Pero algo tenían sus rasgos, que insisto: parecían refinados, como si dieran testimonio de una naturaleza distinta…

- Tal vez quiera caminar? - me invitó con un gesto, señalando un muelle que se divisaba a lo lejos.

Esa fue la primera vez que lo vi, había conocido a Vellmount.

20 de marzo de 2014

Heterocromia...


- Comprenderá mi sorpresa, Hernán, cuando un buen día desperté y las perspectivas habían cambiado radicalmente, creí que todo era un mal sueño...

- Se refiere a que percibía las cosas de otro modo, con otra conciencia, quizás más primitiva? -Preguntó Vellmount

Hizo un silencio, y respondió:

- No se trata de percepciones, mi amigo. Tampoco es una burda metáfora de un cambio de paradigma intelectual o emocional, no me refiero a eso, a una iluminación o satori… lisa y llanamente, con la misma conciencia, veía las cosas desde abajo. Percibía lo que percibía, no había distorsiones: la altura de mis ojos estaba más de un metro por debajo de lo habitual.

- Sorprendente, entonces es una metamorfosis parcial, conserva intacta sus funciones cerebrales superiores, la conciencia, la memoria siguen siendo humana - Comentó Nogueira

Hizo una pausa, como si reflexionara, y con una mueca de ironía, agregó:

- Metamorfosis parcial, te suena Lambertucci?

Como si algo desgarrase desde dentro el alma de Lambertucci, este afirmó con un gesto que denotaba un gran pesar… no emitió una sola palabra.
Víctor sacudió la cabeza y sonrió.

- Continuemos - dijo Vellmount
- Usted dirá - suspiró Ignacio Mozetic
- Conserva su conciencia, es correcto? - Preguntó Lambertucci
- Así es
- No entiendo, entonces qué pasa con la somatognosia? Preguntó Víctor

Ante la mirada desconcertada de Vellmount y Mozetic, Lambertucci aclaró:

- Víctor se refiere a la percepción de la imagen corporal que cada individuo tiene: usted se sentía un perro o todavía se creía humano?

- Cuando confirmé que no estaba soñando, primero pensé que la cuestión era ajena a mi. Sin embargo, cada movimiento torpe, cada gesto frustro, cada segundo que pasaba confirmaba que, innegablemente, no era el mismo. Poco a poco fui invadido por profundo desconcierto, como si mi antigua conciencia chocara violentamente con eso en lo que me había convertido…

- Las metamorfosis han de ser procesos de indicible sufrimiento - Comentó Vellmount

Lambertucci, nuevamente desgarrado, miró a Víctor quien a pesar de percibir sobre su espalda la mirada de Roberto, pretendió ignorarla y preguntó:

- En cuanto tiempo, aproximadamente, logró adaptarse y convivir con armonía a su nueva condición

Hernán notó la evasiva.

- No lo he logrado -dijo Mozetic y agrego:
- Estoy condenado a las tensiones de una existencia al menos dual… Han leído a Hesse?
- Abraxas! - Exclamó Víctor
- Exacto - sonrió Ignacio
- Creame que no está solo, Mozetic…
- Les agradezco, pero en verdad dudo que puedan ser capaces de comprender en carne propia lo que me sucede - Murmuró con pesar Ignacio

Víctor se acercó, estaba conmovido, puso una mano en el hombro de Mozetic.
Lambertucci abrió los ojos como si hubiese visto al propio diablo, se lo notaba inquieto. Nogueira percibió su nerviosismo, dirigió una mirada y con un guiño algo provocador dijo:

- Los metamorfos, por su condición única y excepcional, padecen el horror de sentirse aislados, sumergidos en una soledad absoluta que sumada a la oscuridad del proceso que han de transitar torna su existencia miserable e insoportable…

Lambertucci, estaba agitado, no quitaba la vista de Víctor, se frotaba las manos nervioso, ensayaba sutiles gestos como si intentara comunicarse con su amigo.

- Soy testigo de otros casos como el suyo - Dijo como quien no quiere la cosa

Mozetic levantó la cabeza, y en su gesto se leída una mezcla de curiosidad, alivio y decepción:

- Otros? Cuénteme por favor!

- Le bastará con saber que no es el único… eso aleja el sentimiento de soledad, mi amigo… su dolor llega a otras islas, no pasa desapercibido… Pronto se sentirá parte de una conciencia mayor, que trasciende al ser…
- Dios? - Preguntó Mozetic
- Llámelo como guste, pero tenga la certeza que no está solo, de hecho…

Lambertucci intuyendo la intención de Víctor, interrumpió:

- Solo puede convertirse en perro, Sr. Mozetic?

Vellmount notó nuevamente la actitud de Lambertucci, empezaba a relacionar acontecimientos y una hipótesis empezaba a tejerse en su mente.

- En realidad puedo convertirme en muchas cosas, pero el perro ha predominado…

Hizo una pausa, y agregó a modo de broma:

- Cada tanto cambio la raza, incluso a veces tengo un ojo de cada color!

Rieron.

- Por qué un perro? por qué pudiendo ser cualquier otro animal prodigioso, incluso mitológico uno elegiría transformarse en un perro de barrio? - Preguntó Vellmount
- Mis transformaciones no son completamente voluntarias…
- Pero por qué el perro? Insistió Hernán
- Miré, hace mucho tiempo que leí un libro de Bioy Casares…
- Bioy o Casares? - Bromeó Víctor
- Dormir al sol… siempre he disfrutado el descanso de los perros al sol, el sosiego de la tibia modorra sin la menor objeción de conciencia… intuyo que tiene que ver con eso. Estoy muy cansado, saben?

Entonces Víctor, con tono severo preguntó:

- Lo considera un don o una maldición?
- Verá, es una pregunta difícil de responder...
- Lo se

Estaba anocheciendo, Víctor se había quitado los anteojos y frotaba sus ojos. Lambertucci supo que era hora de partir:

- Muy enriquecedoras sus palabras, Sr. Mozetic… pero debemos partir.
- Me gustaría verlos en otra ocasión, si es posible...
- No dude que volveremos a encontrarnos, Mozetic… no lo dude - Dijo Víctor ya saliendo de la casa del Ingeniero.

Caminaban en silencio, la noche caía como un manto homogéneo sobre la ciudad, Víctor se había adelantado.
Hernán se acercó a Lambertucci y lo tomó de la mano. Lo miró a los ojos exigiendo respuestas.

Lambertucci comprendió:

- No es el momento, Hernán... no es el momento.

Secamente soltó la mano de Vellmount y apuró el paso hasta ponerse a la par de su amigo.

14 de marzo de 2014

no existe tal tesoro


Tempranamente comprendí que ni al principio ni al fin existe tal tesoro. Por que al fin y al cabo, quien lo necesita?
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Hernán Vellmount

17 de febrero de 2014

ojos que no pueden ver


Luego de recorrer gran parte de la villa, prestos a volvernos a la pequeña cabaña, no sin cierta frustración, Tellería se detuvo como hipnotizado frente a lo que mis ojos no veían sino un montón de oscuridad.

No pregunté ni cuestioné, pues conozco como funciona el sentido estético y de composición de Tellería. 

Antes de que gire, me senté cómodamente al borde del abismo y forcé el gesto para darle a entender que me entretenía mirando el cielo estrellado. La prisa es perjudicial para el proceso creativo. 

No quería que se apure, Carlitos es tan noble y considerado, que es capaz de sacrificar una foto si nota la menor incomodidad en quien lo acompaña. Por eso suele caminar solo.

Estuvo largo rato, en una posición verdaderamente incómoda, por no decir imposible, adaptando las patas del trípode para compensar la pendiente aguda sobre la que se encontraba.

Un viento helado se burlaba del abrigo y silbaba juguetón entre las ramas de los árboles que se sacudían no sin cierto frenesí.

Como pudo compuso el paisaje, a ciegas.

Hizo varias fotos, con exposiciones prolongadas y entre ellas se acercaba y se sentaba a mi lado. Me indicaba con las manos detalles de la escena que yo apenas podía observar o imaginar. El tiempo de exposición para la forma deseada de las nubes y las estrellas, las colas de zorro enmarcando la escena y la obturación como para transmitir el movimiento del viento, la profundidad de campo y otras tantas que no recuerdo.

Tras cada foto controlaba los detalles y el enfoque.

Luego de un buen rato, se acercó y seguimos caminando, charlando de temas al azar.

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Texto irrelevante perteneciente a Hernán Vellmount, extraído de una de las bitácoras de viaje del fulano. Al parecer pretender ser una metáfora de algo más profundo, de la subjetividad y la tolerancia tal vez. El escritor utiliza esta viñeta fotográfica para graficar las diferencias interpersonales en cuanto a la interpretación de una misma situación. El sentido estético, como el ético dibujan el paisaje que vemos, la escena, frente a la que algunos se detienen y ven una cosa, donde otros ven algo completamente distinto y otros muchos siguen de largo porque no ven absolutamente nada. 

No ve quien quiere, sino quien puede. "Están pintados con colores que tus antiguos ojos no están acostumbrados a ver..." Sugiere Borges en la utopía de un hombre que está cansado.

Por otro lado, la conducta de Vellmount evoca la tolerancia, no ve nada pero comprendiendo el funcionamiento de sentido estético y el gusto por la fotografía de Tellería, decide quedarse y esperar, respetando algo que está fuera del alcance de sus sentidos o en lo que sus sentidos no ven sino absurdo y mera oscuridad.

Dr. Roberto Lambertucci

14 de febrero de 2014

A Valentín

En mi particular funciona al revés. El fantasma del tiempo es mi tormento permanente. Lo excepcional es la atemporalidad. 

En mi consolidada humanidad intento el disfrute, vamos, como cualquiera, incluso me atrevo y vulnero mis propios límites tanto físicos, intelectuales como emocionales... sin embargo siempre hay una sombra que opaca la el brillo de la felicidad, una mancha que arruina no solo el presente, sino que en su naturaleza bestial, como si no le bastara el momento actual, se acentúa ferozmente y con violencia en el recuerdo y se vislumbra en cualquier proyecto, por banal que sea... la noción temporal me acosa

Sin embargo hay un solo momento en el que me vuelvo inmortal, pues pierdo la noción del tiempo y es en el abrazo sincero con ella.

Lo he hecho todo y he sido todos, casi siempre triste y sombrío nociones de las que no puedo independizarme, sobre todo la temporal...sólo cuando la abrazo no soy nadie más que yo y tengo nada más que eso, un esbozo de sonrisa que no se si llega a convertirse en movimiento, ese calorcito emocional y sosiego intelectual que, sospecho, se debe asemejar a la felicidad y que nos hace decir “aquí me quiero quedar”.

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Hernán Vellmount
14 de Febrero de 2014
Trenque Lauquen