17 de febrero de 2014

ojos que no pueden ver


Luego de recorrer gran parte de la villa, prestos a volvernos a la pequeña cabaña, no sin cierta frustración, Tellería se detuvo como hipnotizado frente a lo que mis ojos no veían sino un montón de oscuridad.

No pregunté ni cuestioné, pues conozco como funciona el sentido estético y de composición de Tellería. 

Antes de que gire, me senté cómodamente al borde del abismo y forcé el gesto para darle a entender que me entretenía mirando el cielo estrellado. La prisa es perjudicial para el proceso creativo. 

No quería que se apure, Carlitos es tan noble y considerado, que es capaz de sacrificar una foto si nota la menor incomodidad en quien lo acompaña. Por eso suele caminar solo.

Estuvo largo rato, en una posición verdaderamente incómoda, por no decir imposible, adaptando las patas del trípode para compensar la pendiente aguda sobre la que se encontraba.

Un viento helado se burlaba del abrigo y silbaba juguetón entre las ramas de los árboles que se sacudían no sin cierto frenesí.

Como pudo compuso el paisaje, a ciegas.

Hizo varias fotos, con exposiciones prolongadas y entre ellas se acercaba y se sentaba a mi lado. Me indicaba con las manos detalles de la escena que yo apenas podía observar o imaginar. El tiempo de exposición para la forma deseada de las nubes y las estrellas, las colas de zorro enmarcando la escena y la obturación como para transmitir el movimiento del viento, la profundidad de campo y otras tantas que no recuerdo.

Tras cada foto controlaba los detalles y el enfoque.

Luego de un buen rato, se acercó y seguimos caminando, charlando de temas al azar.

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Texto irrelevante perteneciente a Hernán Vellmount, extraído de una de las bitácoras de viaje del fulano. Al parecer pretender ser una metáfora de algo más profundo, de la subjetividad y la tolerancia tal vez. El escritor utiliza esta viñeta fotográfica para graficar las diferencias interpersonales en cuanto a la interpretación de una misma situación. El sentido estético, como el ético dibujan el paisaje que vemos, la escena, frente a la que algunos se detienen y ven una cosa, donde otros ven algo completamente distinto y otros muchos siguen de largo porque no ven absolutamente nada. 

No ve quien quiere, sino quien puede. "Están pintados con colores que tus antiguos ojos no están acostumbrados a ver..." Sugiere Borges en la utopía de un hombre que está cansado.

Por otro lado, la conducta de Vellmount evoca la tolerancia, no ve nada pero comprendiendo el funcionamiento de sentido estético y el gusto por la fotografía de Tellería, decide quedarse y esperar, respetando algo que está fuera del alcance de sus sentidos o en lo que sus sentidos no ven sino absurdo y mera oscuridad.

Dr. Roberto Lambertucci

14 de febrero de 2014

A Valentín

En mi particular funciona al revés. El fantasma del tiempo es mi tormento permanente. Lo excepcional es la atemporalidad. 

En mi consolidada humanidad intento el disfrute, vamos, como cualquiera, incluso me atrevo y vulnero mis propios límites tanto físicos, intelectuales como emocionales... sin embargo siempre hay una sombra que opaca la el brillo de la felicidad, una mancha que arruina no solo el presente, sino que en su naturaleza bestial, como si no le bastara el momento actual, se acentúa ferozmente y con violencia en el recuerdo y se vislumbra en cualquier proyecto, por banal que sea... la noción temporal me acosa

Sin embargo hay un solo momento en el que me vuelvo inmortal, pues pierdo la noción del tiempo y es en el abrazo sincero con ella.

Lo he hecho todo y he sido todos, casi siempre triste y sombrío nociones de las que no puedo independizarme, sobre todo la temporal...sólo cuando la abrazo no soy nadie más que yo y tengo nada más que eso, un esbozo de sonrisa que no se si llega a convertirse en movimiento, ese calorcito emocional y sosiego intelectual que, sospecho, se debe asemejar a la felicidad y que nos hace decir “aquí me quiero quedar”.

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Hernán Vellmount
14 de Febrero de 2014
Trenque Lauquen

5 de febrero de 2014

Botella al mar N° 719

Sé que no soy el indicado
para hablarte de soñar,
no hay nada que agregar,
sólo despierta.
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Alejandro Filio

11 de enero de 2014

azar



Gira, gira la ruleta
Nunca, nunca por azar.


Un hombre se aburre mientras espera el subte en estación Pueyrredón, siente la extraña e irrefrenable necesidad de husmear un tacho de basura.

Gira, gira la ruleta
Buscamos donde sabemos
que hemos de encontrar.

No se sorprende al visualizar la billetera. Estira la mano y la toma.

Gira, gira la ruleta.
Del acto realizado a la intuición confirmada
se traslada la sorpresa racional.


Al abrirla encuentra lo que pensaba encontrar:
- No hay prodigio tal - Se convence así mismo, muy racional.

Gira, gira la ruleta
Nunca, nunca por azar.


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Este es un texto brevísimo que pertenece a Hernán Vellmount, fue encontrado por azar entre un pila de papeles viejos. Nuevamente las obsesiones de un Hernán, que no para de repetirse, se descubren en el texto. 

2 de enero de 2014

64 cuadras


A veces imagino la vida como un viaje muy particular. Transito por una cuerda endeble, en bicicleta, definido por un equilibrio más bien lábil e incierto, poco nítido. Por momentos, la soledad parece abrumarnos, pero tarde o temprano descubrimos en una complicidad, en una mano, en una caminata de 64 cuadras o en un guiño que no estamos, ni estaremos solos

Es mi única certeza. Tal vez no se necesite más.

Feliz viaje. 2014

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Carlos Alberto Tellería
1 de enero de 2014
El arte de la invisibilidad