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15 de diciembre de 2012

botella al mar...



Sabido es que se hacen locuras y estupideces por amor: tal vez las únicas justificadas y nobles.

Vellmount, por ejemplo, tiraba una botella al mar cada día en la forma de pequeños papelitos que llegaban a su destino, Bárbara Simini, por las vías menos esperadas.
En el papelito una frase resumía un concepto charlado, una complicidad compartida o un simple halago a la solemne belleza de la morocha.
Vellmount había sobrevivido a los labios de Bárbara, como lo había anticipado Luciano. Sin embargo, como es sabido, no se sale ileso de tales empresas.

El pobre diablo, ya con el amor hecho pedazos, realizó puntual y voluntariamente dicha tarea por años y años con la esperanza de que llegaran a Bárbara y ella sonriera... ya que su sonrisa era su esperanza.

Cuando ella se alejó, y los papelitos comenzaron a acumularse en los cajones de Hernán, éste comenzó a tirarlos al viento o al agua con la esperanza de que las corrientes los llevaran a destino. Había olvidado, quizás por amor, la indolencia de la naturaleza.

Hay quienes recuerdan algunas tardes de diciembre en las que el cielo se nublaba súbitamente y los niños jugaban, girando y girando, bajo aquella lluvia de papeles.

11 de agosto de 2010

[...]

borrar y empezar de nuevo
y empezar pese a quien pese

[...]

Fragmento de Cielo del 69, de Mario

2 de agosto de 2010

como árboles...

integridad vellmount

[...]
después de todo hay hombres que no fui
y sin embargo quise ser
si no por una vida al menos por un rato
o por un parpadeo

en cambio hay hombres que fui
y ya no soy ni puedo ser
y esto no siempre es un avance
a veces es una tristeza

[...]

Fragmento de Como Arboles
Mario*



*Benedetti, por supuesto.