4 de marzo de 2012

desconociendo el amor...


"La mejor base para un matrimonio feliz
es la mútua incomprensión." O. Wilde

Sonaba de fondo una voz melódica y suave, era una voz de mujer que endulzaba el alma y la conmovía sin consideraciones. Sonaba "yo, la máquina" y el tiempo parecía congelarse entre las penumbras de aquel bar.
Adolfo susurró algo al oído de Julieta Perez Mendizabal.
- Hay, Lescano, si sigue diciéndome cosas tan lindas terminará por enamorarme... y eso no puede ser porque apenas lo conozco, es una distancia que hay que salvar... - Dijo Julieta mientras bajaba la mirada y sus mejillas se ruborizaban.
Hubo un silencio.
- Julieta, permitame decirle que en cierta forma la mutua ignorancia es una condición indispensable para que se geste y persista el amor... la permanente curiosidad, las ganas de descubrir que esconde una mirada, la ansiedad de saber que significado tiene el gesto ínfimo, imperceptible, de una mano que se agita y tiembla con la voz... el esfuerzo que uno hace por descubrir el alma que se esconde detrás del cuerpo es una de las cosas que mantiene encendida la braza del amor, una vez extinta la llama de la pasión. - Comentó Hernán y con un tono burlón agregó:
- No malentienda, no es que le esté sugiriendo entablar una relación con éste atorrante - señalando con la mirada y un movimiento de cabeza a Lescano - simplemente es una reflexión a la que me ha llevado su oportuno comentario.
- ¿Que decís, che? esperá, esperá que estoy sintiendo la daga en la espalda y la mancha carnesí que tiñe mi camisa... - Expresó Adolfo mientras sonreía y se arqueaba fingiendo un dolor terebrante en la espalda.
Rieron un rato.
Luego sobrevino un silencio. Vellmount se levantó y alejando la silla, dijo:
- Si me disculpan, tengo que ir a desconocer a una dama- Se inclinó como en una reverencia y desapareció en la oscuridad de aquel antro porteño.