15 de noviembre de 2021

El impostor - Javier Cercas


He desistido nuevamente. 

- He desistido nuevamente? y eso de dónde salió, yo no quería empezar este texto así...

Yo no quería hablar o escribir sobre el desistir y la tendencia creciente a desistir de cosas que consideraba esenciales, algunas incluso pilares en los que creía.

Venía postergando el sentarme a escribir. Y lo venía postergando por la fotografía, por lecturas o bien por cansancio ya que leo libros no médicos preferentemente de noche. Y mi noche habitualmente se inicia a eso de las 23 o 24 hs. Es decir que cuando no leo, es que estoy dormido (o tal vez, cuando leo no duermo).

Hoy me siento, estoy decidido, rumiando nuevamente una idea que había madurado en la semana (los que escribimos conocemos ese momento en el que la idea está lista para convertirse en texto), la venía procesando, dando vueltas en la cabeza hace días, había monopolizado prácticamente todo el tiempo escaso que dedico al proceso creativo.

Así me siento a escribir. Con ese ímpetu creador, siempre ingenuo. 

Sin embargo, con solo poner las manos sobre el teclado de la Dell pierdo el control, ya no decido. 

Es así que empiezo a escribir sobre el desistir y sobre las veces que he desistido últimamente. 

Yo no quería arrancar el texto sobre “El impostor” de Javier Cercas diciendo “he desistido nuevamente”. Quería simplemente contar o compartir la alegría inmensa, la satisfacción intelectual y espiritual que regaló su lectura... sin embargo los que escribimos sabemos que no somos dueños, sino medios. 

Vuelvo a recordar a Sábato, en el escritor y sus fantasmas, contando algo que me pareció inicialmente un delirio y que más tarde no sólo confirmé, sino que se volvió realidad tajante. No encuentro la frase textual, pero decía algo así (o algo así recuerdo): los personajes primero son títeres del escritor, sin embargo llega el momento en que estos se independizan, adquieren voluntad, deseos, caprichos y sobre todo libertad y autonomía. 

Más tarde uno comprende, que uno creía ingenuamente se limitaba a los personajes, sin embargo descubre poco a poco, de forma irremediable, que cada cosa que escribe, cada idea, cada pensamiento, cada letra son caprichos de una ficción de la que apenas somos, a veces, un personaje. Podemos sugerir muchas veces, sin embargo siempre el resultado final es algo distinto en lo que a veces estamos inmersos, y muchas veces algo de lo que ni siquiera somos parte. 

Yo no quería empezar este texto diciendo “he desistido nuevamente”, solo quería compartir la emoción que me había generado el libro de Javier Cercas. Hacía tiempo que no leía un libro que no quería terminar, me había pasado principalmente con Kundera y también con Fromm: no quería terminarlo, lo extendía, lo dilataba lo más que podía y cuando el final ya era palpable, inevitable, cuando quedaban apenas unas 16 páginas y comenzaba a buscar otro título del mismo autor, sentir miedo y ansiedad, quizás una angustia anticipada de que el nuevo título no toque las mismas fibras que el actual había tocado o peor aún: que no las toque con la misma intensidad. 

- Dale Javier, quiero que Soldados de Salamina o Anatomía de un instante me haga vibrar de la misma forma que lo hizo la historia Enric Marco. 

Que ingenuo y que injusto soy con Javier que tanto me ha dado o me ha permitido a través de la lectura de uno de sus libros. Se bien que un libro, o la lectura de un libro y las sensaciones que despierta no son patrimonio exclusivo del autor, sino que en las mismas el lector tiene un rol trascendental. 

He desistido nuevamente, así empezaba este texto que en verdad era otro. Y decía que he desistido de muchas cosas que eran muy ciertas para mí. Pero hoy desisto en general de recomendar libros, y particularmente desisto de recomendar el libro de Javier que quería recomendar con este texto. 

Y desisto porque la lectura es algo tan particular y único como la persona y el momento intelectual, emocional, espiritual y cultural que transita

Hace tiempo, a través de un personaje propio, comprendí que ingenuamente solemos creer que llegamos por medio de alguna inspiración trascendental, una especie de Nirvana, a un autor y a un título. Cuando en verdad son los títulos y los autores los que llegan a nosotros en el momento justo, cuando los necesitamos o cuando estamos en condiciones intelectuales, emocionales o culturales de leerlo. 

Recuerdo un cuento de Borges, en la Utopía de un hombre que está cansado, del Libro de arena. El visitante miraba un montón de lienzos en blanco, al ver la sorpresa el personaje principal le dice:

- Están pintados con colores que tus antiguos ojos no están acostumbrados a ver.

¿Cómo podría entonces recomendarlo? Sabemos que la lectura no es solo lectura, que cambia a las personas: 

- Che, léete este libro de Cercas, El impostor, que es genial.

Cómo podría decir algo así, sabiendo que fue genial para mí, con mi historia personal, con mis lecturas y vivencias previas. El libro es genial en sí, desde ya y objetivamente, pero eso importa poco o pesa menos cuando decimos que es genial para nosotros, porque lo que realmente aporta peso contundente es lo que generó en nosotros. 

Y es genial porque Javier o el libro que escribió Javier hablan no solo de la particular Mentira (con mayúscula) de Enric Marco, sino de cómo interpreta la realidad (o lo que es real) la sociedad y el ser humano. Y lo hace con una calidad literaria, tan llevadera, tan fresca, tan cotidiana que da gusto leerlo, mezclando en medio temas que llevan a profundas reflexiones filosóficas, logrando que, aunque es un libro largo (432 páginas en una de sus ediciones en papel) uno quiera que no se termine nunca. El libro de Javier logra lo que Javier se había propuesto: uno lee una novela histórica que es no ficción como si fuera ficción pura.

        Creo que uno no puede recomendar la lectura de un libro, aunque le haya parecido genial. 

Creo que lo que uno puede hacer es compartir lo que le ha generado un libro, para que otro que navega como uno, perdido y desbordado en el inmenso e inagotable océano de textos que se multiplica vertiginosamente sepa de su existencia, y tenga la certeza de que estará ahí cuando lo necesite. Y que llegado ese momento, El impostor y Javier lo van a encontrar y su lectura va a ser excepcional. 


CABA

24 de junio de 2020

verte reír, nostalgias y el corazón en una bolsita de papel



Ella tenía frío, estaba acurrucada en un rincón del sillón, envuelta en un manta de mil madejas, la luz del salón apagada, la luz tenue y cálida de una lámpara de lectura apenas alcanzaba para iluminar su cuerpo, destacando su rostro, su mirada algo triste y una media sonrisa:
- Las veces que deliré un momento no me fue bien - dijo ella, entre oscura y bella
A él se le anudó la garganta, la entendía.
Frotaba sus manos, se dispuso a hablar: 
- Es que a mi siempre me pasa eso, nunca entendí bien por qué - agregó, mientras se replegaba sobre su nostalgia y se abrigaba con el edredón.
Continuó:
- No hacemos bien en hablar, no deberíamos...
- Decime qué querés, si te hace mal desaparezco... - Le dijo él, no sin resoplar en forma de sutil protesta.
- No se, la verdad que no se...  - dijo nerviosa - me hace sentir culpa. Creo que no está bien...
Ella calló. Se miraron en silencio.
El preguntó, no sin miedo:
- Querés que dejemos de hablar?
- No se qué decirte...
- Lo que sientas vos, sin hacer caso a lo que se espere o creas que esperen de vos...
- No es tan fácil...
Hizo una pausa y continuó:
- Soy en extremo respetuoso de lo primero pero no de lo segundo...
Callaron un buen rato



- Poné algo de música...
El se levantó.
- Amo Sabina, lo sabés...
- Lo se
Ella tarareó.
El tarareó.
Hicieron un repaso rápido de muchas de sus canciones. 
Por fín empezó a escucharse Serrrano.
El sonrió, y esperó el momento, entonces cantó en voz baja una estrofa:

"Un día la vida echará abajo tu puerta.
Rendida, acorralada te pedirá cuentas
Por este fracaso,
Por haberme mentido.
Y no encontrarás al hombre que te ponga a salvo,
Que el hecho de estar vivo siempre exige algo.
Déjate convencer,
Duerme esta noche conmigo"... o al menos charlá conmigo

Ella miró sus ojos:
- Me hacés reír
- Alerta, la bella mujer ha sonreído, pecadora, llamen al cura!!! - Ironizó
- Basta, no es gracioso...
Se disculpó, pero agregó: 
- Algo que te hace reír puede no ser tan malo...

Sabina condujo a Serrano, ambos a la nostalgia, la nostalgia a la fotografía y aquí estoy estoy escribiendo.

27 de mayo de 2020

Del lat. immĭnens, -entis


Del lat. immĭnens, -entis

Siempre sentí fascinación por las palabras y su significado.

Creo que podría explicar esa atracción desde dos perspectivas diferentes, quizás opuestas o quizás complementarias.

La primera. Quizás, porque el lenguaje siempre me resultó complejo, quizás por mis propias dificultades con algunas palabras y sobre todo con las reglas y las normas. 

La segunda. Quizás fue posterior a que me hicieran creer que escribía lindo y a la satisfacción que me generaba ese proceso, imperceptible, de pasar de la hoja en blanco a la primera palabra. Quien sabe. 

Lo cierto es que solía entretenerme buscando el origen de las palabras, buscaba su raíz grecolatina, y lo que verdaderamente significaban: lo hago a menudo todavía.

Por ejemplo, recuerdo cuanto me emocionó conocer que coincidir deriva de de la conjunción latína de co-indicir, o sea "caer a la par" o "caer juntamente".

Un buen día me crucé con una palabra que me desconcertó: Inminencia. 
Recuerdo la emoción, sentía el peso específico, la connotación, el significado. 

Casi nervioso, me acerqué al diccionario de la RAE. Sin embargo al primara definición me decepcionó: Calidad de inminente.

Enseguida busqué inminente. La decepción fue aún mayor: Del lat. immĭnens, -entis, part. pres. act. de imminēre 'amenazar'. 1. adj. Que amenaza o está para suceder prontamente.

Me pareció una definición pobre, escueta, insuficiente. Quizás fue en una de las palabras en las que sentí ese abismo entre la compleja naturaleza de lo que sentimos y la capacidad del lenguaje para plasmarlo por escrito. 

Me enfurecí linguisticamente con los editores de la RAE: cómo una palabra así tiene una definición tan chata.

Decidí buscar en el diccionario de Merrian Westtern, sin embargo la definición no fue mejor : ready to take place : happening soon.

Este segundo fracaso me resultó sospechoso. Quizás el errado era yo.

En ese tiempo pensé mucho sobre la inminencia y la injusticia de las palabras que no le hacían honor.

Pero vamos, si todos sentimos y palpitamos la inminencia.

Por ejemplo baste recordar el instante, ese segundo, previo al primer beso... a cualquier beso, a todos los besos. La conjunción desordenada y caótica de las sensaciones que se exaltan y de las emociones que se agolpan, todas juntas, en un instante, en un persona.

Todos hemos sentido las manos frías, la respiración acelerada, la imposibilidad de despegar la mirada de su mirada, el constatar, nervioso de que miramos sus labios, el tener la certeza de mira los nuestros. La certeza de que lo que viene, pero la incertidumbre simultanea de que podría no suceder. Todos palpitamos la inminencia, ese instante que no es el beso, sino el instante previo. Instante que no es la música, la noche y lo maravilloso de su complicidad e ingenio, sino el instante siguiente. Y que sin embargo la inminencia los incluye a ambos, pero a la vez no es ninguno.

Empezaba a entender. No es tan sencillo de definir. Quizás vayan entreviendo lo que sucede.

Es que la inminencia lo es todo en potencia inmediata y a su vez no es nada. 
Puede ser o no ser o ser otra cosa, pero eso sigue a la inminencia y no es la inminencia en si.

Comprendí entonces a los editores de la RAE y del MW: la inminencia se define en la incapacidad de ser definida. Ahí va queriendo.

La inminencia, como otras emociones (es una emoción? qué se yo) o vivencia no se define, sino que se siente, la inminencia se vivencia. Mirá el verso que salió. Y es que con eso basta, por eso la definición es indiferente. Puede ser extensa, puede ser insuficiente, puede ser compleja o simple: No importa, porque a la inminencia, como con otras expresiones del alma las define el corazón, las define la emoción.

Empecemos de nuevo.

Siempre sentí fascinación por las palabras y su significado, sin embargo se que algunas no definen con precisión estados del alma: baste con vivirlos.

7 de abril de 2020

Virginia Wolff

No han sido semanas sencillas. 
En lo particular no le temo al encierro, por lo cual la cuarentena y el confinamiento al departamento sobre Paraguay no me ha afectado significativamente. Tampoco la distancia con mis seres queridos, con mis padres y con Olivia, ya por naturaleza extraño racionalmente, si es esto posible. 
Además, no voy a decir que soy un exiliado, no voy a cometer esa irrespetuosa afirmación para quienes si lo fueron y con mayúsculas. No soy un exiliado, sin embargo soy un desterrado, mediocre, a medias y en grado menor, pero soy un desterrado desde que subí a aquel micro para irme a estudiar. Algo se inició en ese momento y ya no se detuvo, ese quiebre, esa ruptura, esa fisura cobró autonomía y poco a poco, desde un plano a veces imperceptible, fue segando las raíces, los vínculos hasta convertir una nostalgia en un imagen neutra, bella y cargada de recuerdos, pero emocionalmente neutra.  
Quizás, a veces pienso, que al dejar el lugar en que nací, al dejar el terruño, ya no pude pertenecer a ningún lado. Siempre llevo conmigo, para mi pesar y angustia, esa sensación de estar pasando, esa sensación de no pertenencia que siempre atribuí, ingenuamente a no tener un departamento propio, a vivir de alquiler. Sin embargo entiendo que la situación es más compleja, al dejar el terruño, ya no pertenezco a ningún a ningún lado por lo cual soy de todos, universal.
Como decía, soy un desterrado que sabe bien lo que es la distancia obligatoria, la distancia por necesidad. Elegimos irnos, a estudiar, dejando a nuestros seres queridos. La diferencia entre 10.000 km y 500 km es apenas lingüística, cuantitativa: se está lejos y separados igual. 
Entonces, algo se de estar lejos, por eso quizás esta cuarentena me encuentre con mejores herramientas para hacerle frente que aquellos que nunca debieron partir, que nunca debieron transformase en desterrados. Siempre lo consideré una diferencia enorme, quizás inmensurable e intangible, difícil de transmitir, que sitúa en observatorios distantes alguien del interior y a un porteño.
Han sido semanas difíciles, no por encierro, no por distancia. Todo lo contrario, tal vez por proximidad. 
El miedo y la incertidumbre son enemigos de la razón. Y a veces cambian a los seres humanos, los desnudan, exponiendo su naturaleza endeble, su fragilidad, de lo que se defienden como pueden, con vehemencia, con violencia, huyendo... como puedan.
A veces el temor se condensa y toma la forma de egoísmo y para salvar el pellejo se condena el ajeno, el próximo o prójimo.
Fueron semanas de discusión, de choques. A veces fuertes e hirientes. A veces incomprensibles.
Y ahora he vuelto. Quien sabe por qué reabrí ese libro que había dejado. 
Volví a Virginia Wolff. 
Ciertamente me encontré con otra cosa. La vitalidad y la belleza de las imágenes que facilita, cargadas de detalles luminosos, de niños en contacto con la naturaleza, con el campo, el mar son maravillosas.
Sentí como los personajes y yo, a través de ellos, nos fusionábamos con el paisaje, con la tierra, con la naturaleza. Eramos uno. Como volvíamos a estado que analiza y describe Fromm de los primeros hombres y mujeres. Pronto, en este confinamiento, tuve la sensación de Edén, de fraternidad universal. 
Cuanto necesitaba este re-vincularme emocional. Quizás necesitaba esto y por eso expuse cada nervio, cada nostalgia, y leí algo que había ia prometido no leer y me conmovió hasta la belleza.

Diego Marino

11 de marzo de 2020

El circo de la vida


"la gran dificultad de la vida 
consiste en ceder a las tentaciones necesarias 
y resistir a todas las demás"



En un telúrico y desvergonzado gesto, se quitó el Bombín y con una voz de ensueño, erosionada por el whisky y el tabaco, nos invitó:
 Pasen, damas y caballeros... pasen y vean.Perfectas bolas de madera.Bustos de Buda por doquier. Libros que son pilares.Por aquí, sillas,Sillones,Camas, por qué no?Pasen y vean.Sientan y palpen.Por allí cajas con historia,imagínese qué cajones.Motos.Torres.Toquen el pelo de esta piel.Que suavidad!Leones petrificados, chanchos.Desengañados cupidos.Ermes aletargados.Estatuas que parecen vivas.Vivos que parecen estatuasGusten del tiempo que se escurre.Que sabor!¿Una garrapiñada?Dientes, vértebrasTrompas de pez espada.Sombra y luz amontonadas.Alfombras, pergaminos.¡Qué emoción!Escaleras,Fósiles, Caracoles,Tortugas,Vírgenes suplicantes,Santos,Sátiros,Diablos,El alfa y la omegacerrando un círculo.No mire hacia allí, Están los espejos.Troncos, raícesColectivos,Mitológicos elefantes.Unicornios y abejas.Dioses,Tigres,Universos.Pasen y vean.Disfruten del silencio del pasmoo griten de lujuria.Reglas rotas.Globos lunares, incluso cráteres.Magos, hadas y enanos.Para cada sentidoUn deleiteUna perdiciónUn octavo pecado capital. Bla bla bla di du bla… La palabras se fueron desdibujando, como alejadas se percibían apagadas, como un sutil ruido de fondo que convinado con la luz y el calorcito invitaban a la introspección. Vellmount se había alejado del grupo, como embrujado, ajeno a todo.Al finalizar, luego de dos horas, lo encontraron próximo a una chimenea: el aroma lo había cautivado.Al ver a Lescano, se levantó, y haciendo un guiño dijo: - Maravilloso paseo hemos tenido - Y abrazando a Adolfo se dirigieron hacia la puerta. 

Este texto es un fragmento de un extenso ensayo de Vellmount: "Panem et circencis" … el circo de la vida. 
En un fragmento posterior, se lee lo que tal vez sea una cita: la gran dificultad de la vida consiste en ceder a las tentaciones necesarias y resistir a todas las demás. 

15 de Julio de 2012
Cagado de Frío
CABA