8 de octubre de 2007

Incertidumbre (fragmento diálogo)

[...]
- Presentar un trabajo artístico es salir de la subjetiva crítica de familiares y amigos, que, mal que mal, algo me conocen, y enfrentarse a la objetiva mirada de alguien para quien solo soy un seudónimo y que solo logra reconstruir mis rostro y mi alma tejiéndolos con las palabras que roban la blanca soledad de unas cuantas hojas.[...]


7 de octubre de 2007

LOS EJES DE MI CARRETA

Porque no engraso los ejes
me llaman abandonao ...
Si a mí me gusta que suenen,
¿pa' qué los quiero engrasaos?

Es demasiado aburrido
seguir y seguir la huella,
demasiao largo el camino
sin nada que me entretenga.

No necesito silencio,
yo no tengo en qué pensar.
Tenía, pero hace tiempo,
ahura ya no pienso más.

Los ejes de mi carreta
nunca los voy a engrasar...

Atahualpa Yupanqui (Argentina)

6 de octubre de 2007

Frases

La mayor utopía: "la mutua comprensión entre padres e hijos…"

El logro más hermoso: "la mutua aceptación entre padres e hijos..."

Frases

Hoy, siempre que conozco a una mujer generosa y pura, inteligente y noble, que me comprenda y que sea comprensible, con la que se pueda hablar de todo o solo contemplar la nada, con la que me sienta cómodo y que su presencia sola convierta en una delicia el minuto inexorable, es decir, un ser humano adorable, procuro, por todos los medios, no enamorarme… es la única forma de no perderla.

Encuentro


Sus miradas se buscaron con voluptuosa ansiedad y al cruzarse fingieron sutil casualidad.
Permanecían largos momentos mirándose, que parecían no transcurrir.
La muchacha, sonrojada, de tanto en tanto acomodaba su negro pelo en un ademán que la hacía aún más hermosa, pues al perfil mítico de su rostro agregaba una sensación de timidez y, simultánea, sensualidad que la hacían digna de contemplar.
El joven comenzó a acercarse hacia ella sin dejar de mirarla. Sus labios esbozaban una sonrisa clara en la que se intuía, transparente, un claro gesto de deseo ardiente que, ingenuo, se filtraba. La muchacha permaneció inmóvil.
Se encontraron frente a frente, a menos de dos pasos.
Su mano rozó la cara de marfil y nieve, se deslizó por su pelo como brisa, acarició su hombro y cuesta abajo rodó, rozando como seda, la totalidad de su brazo esbelto. Se detuvo, algo inquieta, en la armónica y gradual convexidad de su talle limpio. Los dedos de la mano contraria arrullaban su mejilla rutilante.
Miró con candorosa sensualidad sus labios, tejidos de pétalos de rosa, y su deliciosa esencia, como néctar, se escurrió hasta inundar cada centímetro de su boca de fresa y hasta acariciar todo su rostro como estrella.
Ascendió y sus labios rozaron la nariz con la suavidad y la parsimonia con la que una gota de rocío se desliza por una hoja, en vilo, al clarear el nuevo día.
Cerró sus ojos como lunas y sintió un escalofrío que se aventuraba por todo su cuerpo en flor sacudiendo cada fibra que agitaba su corazón de púrpura y terciopelo.
Permaneció inmóvil.
Sus manos rodeaban la cara fresca en el instante mismo en que besó su frente de algodón inmaculado y una lágrima de cristal brilló dejando su estela nítida y retumbó, sonora, al caer precipitada.

Se fueron alejando y solo la caricia de sus dedos salvó, por un instante, la febril distancia como bruma…

05-10-07