25 de febrero de 2012

Extrañarte va a ser poco

extrañarte va a ser poco...


Como era de esperarse. El último adiós le tocó a Vellmount.
Predominaron los silencios, a veces las palabras sobran o resultan innecesarias.
Cenaron en un antro donde las miradas de un mozo caribeño y una morocha fumadora incordiaban, como excusa, a un Vellmount conmovido…
Se podría decir al borde del llanto? Nunca lo sabremos.
Abundaron los temas cotidianos, no hubo reflexiones metafísicas aunque se hicieron alusiones al metafísico de la morocha de la mesa vecina. Hubo algunos balances, muchos recuerdos, renovación de promesas… lo habitual de toda despedida.
Cenaron. Brindaron. Caminaron de vuelta.
Vellmount estrechó su mano:


- Extrañarte... extrañarte va a ser poco - musitó mientras miraba sus ojos.

Vio como comenzaban a crisparse, e intuyendo una lágrima en un ágil movimiento siguió un abrazo, una mano en alto, un taxi y dos manos que agitándose se prometían reencuentro.

-En el arte de la invisibilidad, como en la vida, abundan las pérdidas y las despedidas... Comentó un Lambertucci acongojado.